02:42

 Y cuando dices mi nombre,

no suena igual que en mi cabeza:

en tu boca tiene un brillo nuevo,

como si lo hubieras lavado en luz.


Hay algo en la forma en que me miras,

una paciencia que no pesa,

una calma que me acomoda el alma

sin que yo tenga que pedirlo.


Camino contigo

y el mundo deja de empujar.

Todo baja un tono,

se afloja, respira,

como si también entendiera

que no hace falta prisa

cuando algo esta floreciendo.


Y yo, que siempre fui invierno largo,

me descubro dejándome tocar por la

primavera,

Dejandote entrar sin cerraduras,

dejando que tu presencia

abra ventanas que yo ni sabia que tenía.


Si te quedas un poco más,

Solo un poco,

Te prometo que este jardín tímido

Va a aprender a florecer a tu ritmo,

sin miedo al sol,

sin miedo a sentir.

Comentarios

Entradas populares de este blog

No hay nadie ahí

Ordenando

Al principio