Hay un punto exacto donde el ruido se rinde, donde el pecho deja de empujar el día como si fuera una piedra cuesta arriba. allí no hay promesas, no hay futuros brillando como cuchillos, solo el pulso desnudo aceptando su ritmo. el mundo sigue, pero ya no muerde. las cosas pesan lo que pesan y nada más. la herida aprende a cerrarse sin testigos, el miedo se sienta y por primera vez no exige respuestas. es quedarse en el cuerpo sin querer huir, mirar el cielo sin pedirle señales, existir como una verdad cansada que al fin descansa.
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