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De un tiempito atrás

  La noche está igual que anoche, con la lluvia cayendo despacio como si supiera nuestro ritmo. El humo dibuja silencios, cigarros que se consumen mientras la música nos sostiene el ánimo, como si no hubiera mañana y tampoco hiciera falta. La noche está igual que anoche, pero tú no eres rutina, eres pausa, eres ese “quédate un rato más” que nunca se dice en voz alta. Hablamos de planes como quien lanza botellas al mar, sin saber si llegarán, sin importar demasiado. Porque ahora todo cabe en este instante. La lluvia insiste, la canción cambia, y por un momento todo parece en su lugar. Si el tiempo fuera amable, se detendría aquí: entre el humo, la risa, tu voz bajita y este deseo absurdo de que nada termine. La noche está igual que anoche… pero ojalá no se acabe nunca.
Hay un punto exacto donde el ruido se rinde, donde el pecho deja de empujar el día como si fuera una piedra cuesta arriba. allí no hay promesas, no hay futuros brillando como cuchillos, solo el pulso desnudo aceptando su ritmo. el mundo sigue, pero ya no muerde. las cosas pesan lo que pesan y nada más. la herida aprende a cerrarse sin testigos, el miedo se sienta y por primera vez no exige respuestas. es quedarse en el cuerpo sin querer huir, mirar el cielo sin pedirle señales, existir como una verdad cansada que al fin descansa.

18:15

  Ya no me apuro en entenderlo todo, dejé que algunas preguntas duerman sin respuesta. El pecho sigue sensible, pero ya no aprieta: respira. Hubo un tiempo en que te pensé como destino, y hoy te pienso como parte del camino. No menos intenso, solo más real. Del dolor salió una lucidez rara, una calma que no pide nada. Sigo creyendo, pero ya no busco; sigo abierto, pero no vacío. Estoy bien aquí, con lo que fue y lo que no quiso quedarse. Agradecido, tranquilo, aprendiendo a quedarme conmigo sin miedo al silencio.