Hay un punto exacto
donde el ruido se rinde,
donde el pecho deja de empujar el día
como si fuera una piedra cuesta arriba.

allí
no hay promesas,
no hay futuros brillando como cuchillos,
solo el pulso desnudo
aceptando su ritmo.

el mundo sigue,
pero ya no muerde.
las cosas pesan lo que pesan
y nada más.

la herida aprende a cerrarse
sin testigos,
el miedo se sienta
y por primera vez
no exige respuestas.

es quedarse en el cuerpo
sin querer huir,
mirar el cielo
sin pedirle señales,
existir
como una verdad cansada
que al fin
descansa.

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