Extraño
Hay alguien que despierta un calor que no conocía,
como la primera luz que toca la piel después de la lluvia.
Al principio sus palabras eran un río,
y yo bebía cada una, sabiendo a cielo.
Ahora siento que el río se ha estrechado,
sus respuestas cortas, sus silencios largos,
y yo me quedo aquí, con el eco de lo que fui para él.
Es un dolor dulce, extraño…
el tipo de dolor que te hace temblar y sonreír al mismo tiempo.
No sé si alguna vez sabrá todo lo que hay en mí,
pero mientras tanto, guardo este fuego en silencio,
lo abrazo sin exigir nada,
lo dejo florecer dentro, aunque no me lo devuelvan.
A veces lo veo y siento un muro entre nosotros,
una distancia que no entiendo,
y me pregunto si alguna vez fui suficiente,
si mi risa, mis palabras, mis silencios,
alcanzaron siquiera a rozar su mundo.
Pero hay algo en mí que insiste,
que quiere sentir, que quiere vivir esta primera herida de amor,
aunque queme y pese y haga tambalear.
Porque amar, aunque duela, es un tipo de belleza que nadie me puede quitar.
Sus silencios me golpean,
pero también me enseñan paciencia,
a sostenerme con mis propias manos,
a hablarme con ternura aunque nadie más lo haga.
Y aunque quiera gritarle todo lo que hay dentro,
decido callar, y dejar que el tiempo haga su parte.
Quizá algún día sus ojos se abran a mí,
quizá nunca lo hagan,
pero mientras tanto, yo florezco aquí adentro,
como un secreto que sabe a primavera,
como un “Bloom” que solo yo escucho.
Comentarios
Publicar un comentario